Una melodía nada inocente

Manos EscherM. C. Escher, Drawing Hands, 1948

¡Allí ves Sevilla! Oirás la flauta, mas ama tu al falsario ¡Allí ves Sevilla!

No, no se trata de un diálogo absurdo sacado de una película de los hermanos Marx. Ni tampoco corresponde a un fragmento del Barbero de Sevilla de Rossini. Simplemente tenéis que leer la frase de derecha a izquierda y entenderéis de qué se trata.

Está claro ¿no?, se trata de un palíndromo.

La verdad es que siempre me han fascinado las obras artísticas que juegan con la ambigüedad entre la idea de comienzo y la idea de final -como sucede con el dibujo de M.C. Escher que encabeza este post, o como ocurre con la frase palindrómica con la que he empezado-. Lo que más me maravilla de este tipo de obras es que, en la mayoría de los casos, se trata de ideas aparentemente sencillas, que encierran una paradoja. Una paradoja que es capaz de excitar nuestras neuronas durante un buen rato, dejándonos pasmados.

Curiosamente, en el mundo de la música también tenemos obras que fueron concebidas para causar este mismo efecto: melodías en las que el final puede ser el principio y el principio, el final.

 

Reversible

El juego de las melodías reversibles

Entre las infinitas posibilidades que existen de crear una melodía, hay una categoría muy limitada de las mismas que tienen la cualidad de sonar igual de bien tanto si se tocan de izquierda a derecha, como si se interpretan de derecha a izquierda. Es lo que se conoce como melodías retrogradables.

Obviamente, una buena melodía retrogradable no surge por casualidad, requiere de un trabajo concienzudo y un gran domino de la técnica por parte del compositor.

A lo largo de la historia de la música podemos encontrar algunos ejemplos interesantes de melodías retrogradables. Compositores como Haydn, Berg o Schoemberg han empleado en alguna ocasión este tipo de técnica.

Pero de entre todas estas melodías, quizá la más memorable sea la que compuso J.S.Bach para el rey Federico II de Prusia y que se conoce como El canon cangrejo.

El canon cangrejo de la Ofrenda Musical

 

Ermitaño

Corría el año 1747 cuando Johan Sebastian Bach decidió realizar una visita a su hijo, Carl Philipp Emanuel, que trabajaba como músico en el Palacio Real de Sanssouci en la corte del rey Federico II de Prusia.

Por aquel entonces, la fama de Bach como compositor estaba fuera de toda duda, y el rey Federico, que era un gran aficionado a la música, quiso mostrar a Bach algunos de sus nuevos pianofortes. En dicho encuentro, el rey retó a Bach a que improvisara una composición completa (una fuga a tres voces) a partir de una breve, pero difícil, melodía que él mismo había compuesto.

Como no podría haber sido de otra manera, Bach salió airoso de la encerrona y fue capaz de hacer una espléndida improvisación. Pero, no contento con eso, decidió, a su regreso a Leipzig, realizar una colección de piezas tomando como motivo el tema que Federico II le había propuesto. A esta colección la bautizó con el nombre de La Ofrenda Musical y se la dedicó al monarca.

El canon cangrejo forma parte de esta colección y, como sucede con el resto de las piezas, la partitura contiene un enigma que es necesario resolver para poder tocarla. En El canon cangrejo, el propio título de la composición ya nos da la pista de cómo resolver el enigma. Porque, efectivamente, el intérprete debe imitar el movimiento de los cangrejos para dar forma completa a la composición. Es decir, en primer lugar se debe tocar el canon en el sentido habitual y después en sentido contrario como podéis ver a continuación:

Canon cangrejo Flechas

 

Pero lo asombroso de esta melodía no acaba ahí, porque -siendo ahora Bach el que juega a retar al rey- otra de las peculiaridades de esta melodía, que aparentemente es para un solo instrumento, es que puede ser tocada por dos instrumentos a la vez; uno de ellos tocando la versión normal (de izquierda a derecha) y el otro la retrogradada (de derecha a izquierda). Así:

Canon cangrejo a dos recortada

 

En el siguiente vídeo podéis escuchar el resultado de este prodigio musical, interpretado por un clavicémbalo. Es importante advertir que, para una primera escucha, la melodía es bastante intrincada y compleja por lo que os recomiendo que la escuchéis varias veces para apreciar su belleza:

Disfrutad aprendiendo, aprended disfrutando.

9 comentarios en “Una melodía nada inocente

  1. ¡Hola, Luis!

    En primer lugar, felicitarte por tu blog, la verdad es que todo lo que cuentas es muy interesante. He topado con él por curiosidad y realmente me ha encantado. Quería preguntarte y si me podrías hacer el favor, ¿podrías decirme otras composiciones parecidas -melodías retrogradables- como la que has expuesto de J.S. Bach?

    Te lo agradecería en el alma,
    Muchísimas gracias de antemano,

    Laura

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    • Hola, Laura. Gracias por comentar, me alegra saber que te gusta el blog.

      La verdad es que no hay muchos ejemplos de melodías retrogradables en la música tonal, pues es una técnica difícil de encajar sin que el resultado sea pobre. En la música serial (dodecafónica) existen cientos de ejemplos, sin embargo en la música de los grandes compositores clásico-románticos no abundan. De todas formas, hay otro ejemplo famoso de retrogradación que es el minueto de la sonata nº 26 para piano de Joseph Haydn (que a su vez es una transcripción del minueto de la sinfonía nº 47). En este caso no se retrograda únicamente la melodía si no que la retrogradación afecta a todos los elementos (melodía y acompañamiento). En el siguiente vídeo puedes escuchar el resultado. Un saludo.

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      • ¡Hola de nuevo, Luis!

        Muchísimas gracias por tu respuesta y en especial por haberme respondido tan pronto, de verdad que es de agradecer tu amabilidad.

        Me ha servido tu ayuda y me ha parecido muy interesante lo que me has comentado.

        Me gustaría pedirte un último favor (siempre que no sea molestia). ¿Existe alguna pieza (piezas, nombre, título, términos, ideas, etc) relacionado con una composición doble que suceda al mismo tiempo? Algo como “dueto en el espejo” de Mozart. (Ten en cuenta que te hablo en parte desde una perspectiva de desconocimiento musical, añado.)

        Espero que puedas ayudarme si no es demasiada molestia, ya que te lo agradecería muchísimo.

        Un fuerte abrazo.

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      • Hola, Laura

        El caso del «dueto del espejo» que comentas es diferente a una melodía retrogradaba. El dueto es un pseudocanon muy ingenioso que consiste en que dos violinistas tocan la misma partitura pero uno enfrentado al otro, como mirándose en un espejo. La genialidad de Mozart está en que juega con las alturas de las notas al mirar la partitura del revés (cosa diferente a la retrogradación, que es leer la partitura de derecha a izquierda). Cuando se mira una partitura dada la vuelta y se lee en clave de sol, el sol se convierte en re, el fa en mi, el la en do y el si se mantiene igual. En este sentido, no creo que haya muchas obras en la historia se la música que empleen esta curiosa técnica, o por lo menos yo no las conozco. Un saludo

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